The call




For as long as I can remember I have had very strange dreams. People tell me to write them down, but I think it's better not to remember half of them. There are some that I can't erase from my memory and others that have been so interesting that they have helped change the way I think to this day.


I once dreamed I was a billiard ball. Did I mention I have weird dreams? Around this time I was having a real debacle with Martha my therapist, as she was talking to me about surrendering and flowing. I listened and questioned, who should I surrender to? to God? but I didn't believe in God. My therapy seemed more like a theological exchange than a personal growth process. There was no end to Martha's patience.


The thing is, I dreamt I was a billiard ball. I didn't understand why I was being asked to give the yellow ball a little push. I asked why I have to push the yellow ball if the purpose of the game was to put the balls into the holes of the pool table (it is worth mentioning that my knowledge of billiards is very limited, but in my dreams I am a billiard ball). Suddenly I understood that my purpose was to hit the yellow ball and the purpose of the yellow ball was to hit the red ball and the red ball was to hit the blue ball which would go into the hole. At that moment everything became clear, I was not the one controlling the game, the person with the cue was the only one controlling it.


When I woke up, after thinking that Freud would be jumping in his grave, I had the security, the certainty that nobody controls anything. Destiny, the Universe, God, nature, Zeus, whatever we call it, "it" owns the way. We own our steps and choose which ones to take, but we don't know what effect those steps will have five balls down the road.


When I returned to poor Martha, she almost died of emotion when she heard my dream and my conclusion. I told her, Martha, I get it, I don't control anything, I am not responsible for what happens to others or to prevent it from happening to them, I am not responsible for what has happened to me and I am only responsible for each step I take. I also told her, I don't believe in God but I do believe in nature, the Universe and its strength to take things where they have to go, with or without my help. A full-fledged Eureka! moment. My reflection accompanied the following image: A river has been passing through here for centuries, man, cleaver as he thinks he is, pipes it to put a street over it, one fine day it rains so much that the pipe breaks and the river now passes over the street, because that river must pass through there and that's it, period. Nature knows, nature doesn't stop and nature will get where it has to go with or without you. Martha was happy for my resignation but now it was time for the second part, to learn to listen to the Universe to know what I have to do, what steps would I have to take. Martha told me, you just have to ask and stay quiet long enough to hear the answer. Me, a woman of science with a new mission, I was shocked. Wait for the call of the Universe. I went for it, even though a certain cynical part of me said, "Oh Andrea, you're two minutes away from being locked up...". Anyway, I got home and sat on my bed and thought, “Universe tell me what to do". I kept quiet, which is almost impossible, even in solitude. Suddenly, the phone rang, a call from my brother, who was telling me the sad story of a friend of his, this friend was going through a situation just like that of a dear friend of mine. When I hung up I knew exactly what I had to do. I left my house, bought some flowers and went to leave them for my friend with a short note, "here I am, I love you very much". I gave the yellow ball a little push. She called me and told me she was crying in the bathroom of her house when I arrived and my flowers filled her with hope and she called the doctor to make an appointment. Yellow ball pushes red ball. The Universe was more literal than I expected!


This was many years ago. Sometimes I get my mod podge gets lumpy, as my dad says, and I forget that I am not the owner of the cue, I’m just a ball. I have forgotten countless times to surrender and ask for help. But as I write this story I remember that the Universe speaks on the phone, I just have to ask the right question and be quiet enough time to hear the answer and obey.

 

La llamada

Desde que tengo memoria tengo sueños muy raros. La gente me dice que los escriba, pero yo creo que es mejor no recordar la mitad de ellos. Hay algunos que no puedo borrar de mi memoria y otros que han sido tan interesantes que han ayudado a cambiar mi forma de pensar hasta el día de hoy.

Una vez soñé que era una bola de billar. ¿Mencioné que tengo sueños raros? Por estas épocas estaba teniendo una verdadero debacle con Martha mi terapeuta, ya que me hablaba de rendirme y fluir. Yo escuchaba y le cuestionaba ¿a quién debía rendirme? A Dios, pero si yo no creía en Dios. Mi terapia parecía más un intercambio de teológico que un proceso de crecimiento personal. La paciencia de Martha no tenía fin.

El caso es que soñé que era una bola de billar. Yo no entendía por qué me pedían que le diera un empujoncito a la bola amarilla. Preguntaba ¿Por qué tengo que empujar a la bola amarilla si el propósito del juego es meter las bolas a los agujeros de la mesa de billar? (cabe mencionar que mis conocimientos de billar son muy limitados, pero en mis sueños soy bola de billar). De pronto comprendí que mi propósito era pegarle a la bola amarilla y el propósito de la bola amarilla era pegarle a la roja y la roja a la azul la cual entraría al agujero. En ese momento todo quedó claro, yo no era yo la que controlaba el juego, lo controlaba la persona con el taco.

Cuando desperté, después de pensar que Freud estaría dando saltitos en su tumba, tuve la seguridad, la certeza de que nadie controla nada. El destino, el Universo, Dios, la naturaleza, Zeus, como sea que le llamemos, “eso” es dueño del camino. Nosotros somos dueños de nuestros pasos y elegimos cuales tomar, pero no sabemos esos pasos que efecto tendrán cinco bolas más adelante.

Cuando volví con la pobre Martha, casi muere de emoción al escuchar mi sueño y mi conclusión. Le dije, Martha, ya te entendí, yo no controlo nada, yo no soy responsable de lo que le pase a los demás ni de evitar que les pase, no soy responsable de lo que me ha pasado y solo soy responsable de cada paso que doy. También le dije, no creo en Dios pero creo en la naturaleza, el Universo y su fuerza para llevar las cosas por donde tienen que ir, con o sin mi ayuda. Un momento ¡Eureka!, en toda regla. Mi reflexión acompañaba la siguiente imagen: Un río pasa por aquí desde hace siglos, el hombre listo como cree ser lo entuba para poner una calle encima, un buen día llueve tanto que el tubo se rompe y el río pasa ahora por encima de la calle, porque ese río debe pasar por ahí y punto. La naturaleza lo sabe la naturaleza no para y la naturaleza va a llegar a donde tiene que llegar con o sin ti. Martha feliz por mi resignación pero ahora tocaba la segunda parte, aprender a escuchar al Universo para saber lo que tengo que hacer, que pasos debo dar. Martha me dijo, solo hay que preguntar y quedarse callado lo suficiente para escuchar la respuesta. Yo, mujer de ciencia con una nueva misión me quedé a cuadros. Esperar la llamada del Universo. Me avoque a ello, aunque cierta parte cínica de mi decía “Ay Andrea estas a dos para que te encierren…” Total, llegue a mi casa y me senté en mi cama y pensé, “Universo necesito que me digas que tengo que hacer”. Me quedé callada, cosa casi imposible, hasta en soledad. De pronto, el teléfono, la llamada de mi hermano, que me contaba la historia triste de una amiga suya, esta amiga estaba pasando por una situación igual a la de una amiga querida. Cuando colgué sabía perfecto que tenía que hacer. Salí de mi casa, compré unas flores y fui a dejarlas a mi amiga con una nota breve, “aquí estoy, te quiero mucho”. Le dí el empujoncito a la bola amarilla. Ella me llamó y me dijo que estaba llorando en el baño de su casa cuando yo llegué y que mis flores la llenaron de esperanza y llamó al doctor para hacer una cita. Bola amarilla empuja a bola roja. El Universo era más literal de lo que esperaba.

Esto fue hace muchos años. A veces se me hace bolas el engrudo, como dice mi papá y se me olvida que no soy la dueña del taco, solo una bola. Se me ha olvidado infinidad de veces rendirme y pedir ayuda. Pero al escribir esta historia recuerdo que el Universo habla por teléfono solo tengo que hacer la pregunta adecuada, callar lo suficiente para escuchar la respuesta, y obedecer.

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